Uruguayas

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lunes, 12 de junio de 2023

Texto literario y texto no literario sobre una planta aromática: la menta


Texto no literario




__________________________________________________________________________



Texto literario


 La menta del mundo


En el reino  vegetal

hay plantas que se dominan

por su agradable aroma

terminan en la cocina.



De todas ellas la menta

se saborea con frescura,

en tortas, postres y helados

se combina con dulzura.


Gotas verdes aromáticas

que tranquilizan la mente.

Delicadas hojas frágiles

que crecen constantemente


Grupo 9no B





lunes, 7 de agosto de 2017

ACTIVIDAD REPASO PRUEBA SEMESTRAL TERCERO

Sacarme dieciocho mil
                Vienen  por mí. Me siguen. Quieren sus dieciocho mil y yo no los tengo. Se lo dije. Se lo he dicho mil veces. Los noto. Los percibo. Sudo. Corro. Me escondo. Salto de un agujero a otro. Maldigo por haber apostado. Maldigo por haber perdido. Maldigo por haber nacido. En la oscuridad observo las caras. Los rostros de este infernal barrio me miran, me señalan, dicen que debo dieciocho mil. Sudo y salto. Me oculto. Grito que no tengo nada. No puedo pagar. ¿No me creen? ¿Qué harán? Me matarán. Me torturarán pero no podrán sacar dieciocho mil. Sigo corriendo. Abro las puertas. Las cierro. Me oculto. Creo que me oculto. ¿Me romperán las piernas, la cara? Pero no los tengo. Ellos dicen que sí. No me creen. Piensan que miento. ¿Miento? Sigo corriendo. Los ojos que miran, las bocas que murmuran. No puedo confiar. Todos piensan que escondo dieciocho mil. Es una locura. ¿Cuántos habrá tras de mí? Jadeo. El cigarrillo tiembla en la mano. Miro, observo, escruto. Cruzo y corro. Oigo los ladridos. La jauría se acerca. No hay agujeros en este barrio. No lo suficientemente hondos. Escarbo. Gateo. Reviso mis bolsillos. Nada. No estoy loco. No tengo los dieciocho mil. Lo grito. ¡No los tengo! ¿Por qué estáis tan seguros? Soy la presa que tiembla y corre. Como toda la vida. Sin dinero, sin futuro. Estoy muerto. Siempre estuve muerto. Y estos malditos quieren sacarle dieciocho mil a un muerto. ¿De dónde? ¿Cómo? No tengo nada. Nunca lo tuve. Jugué sin nada, aposté nada y gané... nada. Enjugo el sudor. La boca seca. Los veo. Ya están ahí. Ladran y husmean. Muestran los dientes. Preguntan.
                Amenazan. Me achico. Empequeñezco. Me reduzco al mínimo. No respiro. Quieto. Quieto. Me encuentran. Me sacan. Grito. ¡No los tengo! No me creen. ¡No los tengo! Sonríen. No me creen. Dicen que los llevo encima, que soy un mentiroso. Están locos. No entiendo. Me señalan. Las córneas, el corazón, los riñones, el hígado. Dieciocho mil en el mercado ilegal de órganos. Tenían razón. Les mentía.
José Manuel Moreno Pérez


CONSIGNA DE TRABAJO
1.         ¿Qué particularidades formales puedes identificar en la construcción sintáctica de este texto? ¿Se relacionan de alguna manera con el contenido, con la semántica textual?
2.       Busca y extrae del texto todos los enunciados no oracionales. Escoge uno y explica el sentido del uso de esa construcción en el cuerpo del texto.
3.       Identifica alguna cadena léxica en la referencia a los perseguidores del protagonista. Explica.
4.       Lee con atención el siguiente enunciado:
“Los rostros de este infernal barrio me miran, me señalan, dicen que debo dieciocho mil”.
Clasifícalo y reconoce cómo se relacionan las oraciones en él. Fundamenta desde lo semántico.
5.       Analiza sintácticamente las oraciones:
a)       Se lo dije.
b)      Quieren sus dieciocho mil y yo no los tengo
6.       Clasifica los siguientes enunciados y establece cómo se relacionan sus oraciones.
a.       Me torturarán pero no podrán sacar dieciocho mil.
b.       Miro, observo, escruto.
c.       Grito que no tengo nada.
7.       Compara el uso de la primera coma en cada enunciado. ¿Cumplen con la misma función? Desarrolla.
a.       Los rostros de este infernal barrio me miran, me señalan, dicen que debo dieciocho mil.

b.       Jugué sin nada, aposté nada y gané... nada.

viernes, 28 de noviembre de 2014

PENÉLOPE

Penélope
Mientras teje de manera monótona piensa en lo que ha sido su vida. Un inmenso páramo de soledad y aburrimiento. Desde que ella recuerda lo único que ha hecho es tejer. Le hubiese gustado tener hijos. Con ellos se sentiría más acompañada. Pero está sola.
Agobiada, deja el tejido y se dispone a dormir. Despierta sobresaltada y sintiendo su carne invadida. En su confusión tiene un instante de lucidez para darse cuenta de que además de su miedo siente un extraño y cálido placer que estremece sus entrañas. Y lo disfruta.
Al momento siguiente vence su instinto. Atenaza al intruso con fuerza inaudita mientras muerde con furia escalofriante. El temerario asaltante se debate en desesperada agonía. Apenas un relámpago de tiempo y los movimientos convulsivos cesan. El atacante está inerte, inmóvil, muerto.
Toma conciencia de lo que acaba de hacer. Pero no siente remordimientos ni repulsión. Sin un gesto de repugnancia arrastra el cadáver mientras comienza a babear adelantando el festín que se dará en un rato.
Sin remordimientos.
Sin arrepentimientos.
Sin culpas.
Al fin de cuentas, lo único que hará es cumplir con una ley natural.
Todas las arañas de su género matan a los machos durante la cópula y luego los devoran.

                                                                                            Antonio Cruz
                                                                                                     Tío Elías y otros cuentos
                                                                                                         Editorial del autor

jueves, 7 de agosto de 2014

FUNCIONES SINTÁCTICAS

Consigna de trabajo  (en hoja aparte)

1) Extrae y clasifica las estructuras sintácticas que aparecen subrayadas en el siguiente texto.
2) Indica a qué palabra le da información cada una de las estructuras.

EL HABITANTE DE LA PLANTA BAJA.

            Vive en un apartamento en la planta baja que tiene un patio, y soporta a sus vecinos de arriba que tiran papeles, corchos, hasta lamparitas quemadas. Pero con los del séptimo F es distinto. Cada dos o tres días se pelean (él llega tarde, le da una excusa ridícula, ella no le cree) y por la ventana del dormitorio vuela algún libro. El habitante de la planta baja nunca fue muy lector, pero cuando cayó el primer libro, lo leyó. Después vinieron otros. Un poco de todo: novelas de espionaje, best sellers, libros de autoayuda. Los lee a todos por igual, ya que son un regalo del cielo. Sin embargo, cuatro meses atrás, y por un lapso de tres semanas, los libros dejaron de caer. ¿Los del séptimo F se habrían ido de vacaciones? No, era algo mucho peor: los encontró caminando por la calle y presenció con desagrado los arrumacos y las palabras cariñosas. Todo estaba perdido: triunfaba el amor. Pero un viernes, al llegar a su casa a las tres de la mañana, se cruzó con el vecino. Tenía el traje arrugado y miraba con insistencia el reloj, como si sus ojos tuvieran el poder de hacer retroceder las agujas. Lo oyó cerrar el ascensor con extraordinaria suavidad: que nadie en el mundo se despertara. Pero el de la planta baja sabe que las esposas siempre se despiertan. El silencio perfecto aún no ha sido inventado. Saca una silla al patio, mira hacia los cielos y espera. Se oyen los primeros gritos. Pronto tendrá lectura para el fin de semana.
Pablo de Santis

Revista Ñ, El Clarín

viernes, 4 de abril de 2014

Decálogo del perfecto cuentista

I
Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chejov— como en Dios mismo.

II
Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

III
Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia.

IV
Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

V
No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

VI
Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: "Desde el río soplaba el viento frío", no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

VII
No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII
Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

IX
No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino
.
X
No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

Horacio Quiroga
(1979-1937)

miércoles, 12 de junio de 2013

Delincuencia juvenil

Entrevista

A la persona que se le entrevista en esta oportunidad es a Ana Isabel Suarez es una abogada que trata mucho sobre estos temas y quería dar su punto de vista y sus opiniones.
El objetivo, es analizar lo que piensan las personas sobre este tema y como podemos acabar con este problema.

_ ¿Qué entiendes por la delincuencia juvenil?
_ Es cuando los jóvenes dejan sus estudios para dedicarse a robar o a otras cosas.
_ ¿Cuáles crees que son las causas de este problema?
_ Podría ser la falta de comunicación con los hijos, falta de valores y la desorientación que tienen en el hogar.
_ ¿Por que cree que surja este problema en la sociedad?
_ Existe este problema por causa de una familia disfuncional, por unos padres que no atienden a sus hijos, por el día a día, las necesidades que pueden pasar por la economía del país.
_¿Usted cree que la economía de la familia influya en este problema?
_ Sí, tal vez lo hacen para poder sobrevivir, para comer y cubrir sus necesidades.
_ ¿Ha experimentado una situación así?
_ A veces, pero con una buena comunicación los problemas no pasan a mayor y no se vuelven peor.
_ ¿Cree usted que la violencia lo solucionaría?
_ No, todo se puede solucionar, arreglar hablando, teniendo comunicación y confianza.
_¿Qué solución daría a este problema?
_Tratar de que los jóvenes que tengan este problema, vayan a terapias, darle una mejor orientación,  implicarles valores, no meterlos en una cárcel, para que así se empeoren más, si no ayudarlos para mejorar la sociedad.

lunes, 15 de abril de 2013

Actividad "Tatuaje", texto de Ednodio Quinteros



TATUAJE

Cuando su prometido regresó del mar, se casaron. En su viaje a las islas orientales, el marido había aprendido con esmero el arte del tatuaje. La noche misma de la boda, ante el asombro de su amada, puso en práctica sus habilidades: armado de agujas, tinta china y colorantes vegetales dibujó en el vientre de la mujer un hermoso, enigmático y afilado puñal.
La felicidad de la pareja fue intensa, y como ocurre en esos casos, breve. En el cuerpo del hombre revivió alguna extraña enfermedad contraída en las islas pantanosas del oeste. Y una tarde, frente al mar, con la mirada perdida en la línea vaga del horizonte, el marinero emprendió el ansiado viaje a la eternidad.
            En la soledad de su aposento, la mujer daba rienda suelta a su llanto y a ratos, como si en ello encontrase algún consuelo, se acariciaba el vientre adornado por el precioso puñal.
El dolor fue intenso, y también breve. El otro, hombre de tierra firme, comenzó a rondarla. Ella, al principio esquiva y recatada, lentamente fue cediendo terreno. Concertaron una cita; y la noche convenida ella lo aguardó desnuda en la penumbra del cuarto. Y en el fragor del combate, el amante, recio e impetuoso, se le quedó muerto encima, atravesado por el puñal.

Ednodio Quintero
La línea de la vida

ACTIVIDAD

  1. ¿Cuál es el referente del texto?
  2. ¿Quién es el protagonista de la historia?
  3. ¿Cuántos enunciados y párrafos componen el texto?
  4. Clasifica el texto como narrativo indicando con tus palabras su estructura narrativa.
  5. Clasifica las palabras subrayadas. Fundamenta a través de su función o de su información gramatical.




miércoles, 20 de marzo de 2013

TEXTO


Pájaros prohibidos 

           Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido, ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros. Didoskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso "por tener ideas ideológicas", recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen a la entrada de la cárcel. Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos y el dibujo pasa. Didoskó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en las copas de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas: 

-¿Son naranjas? ¿qué frutos son? 

La niña lo hace callar: 

-Ssshhhhh 

Y en secreto le explica: 

-Bobo ¿no ves que son los ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas. 

Eduardo Galeano (1976)
"Días y noches de amor y de guerra"

martes, 20 de noviembre de 2012

Texto para la prueba 3ero 1 y 3ero 2


El panorama para la legalización de la marihuana está mejor que nunca.

       Numerosos estados la han despenalizado o permitido para uso médico, y muchos otros están considerando estos pasos o incluso la plena legalización. La situación es similar a lo largo de Europa y varios presidentes latinoamericanos quieren discutir el tema.
       Por lo tanto, los defensores de la legalización deben determinar cuáles argumentos son eficaces y cuáles no. Desafortunadamente, muchos de los argumentos usuales no son persuasivos y corren el riesgo de hacer más daño que bien.
       Una afirmación problemática es que la legalización generará una gran ganancia para el presupuesto. Este argumento tiene algo de cierto, dado que la legalización significa una reducción del gasto y un aumento de los ingresos fiscales. Sin embargo, la magnitud de la marihuana por sí sola es modesta, por lo que es fácil exagerar este beneficio. Y el público sabe que los partidarios de la legalización lo seguirían siendo aún sin este beneficio presupuestario, así que este argumento resta credibilidad.
        Otro argumento extraño es que la legalización se trata principalmente de ayudar a los enfermos a través de la marihuana medicinal. Todos saben que la marihuana medicinal facilita el uso recreacional y que muchos partidarios de la marihuana medicinal están contentos con este resultado. Así que el enfoque de la marihuana medicinal parece engañoso. Peor aún, esto ha generado una nueva oposición a la legalización plena: los productores de marihuana medicinal, quienes no quieren competencia.
        Una tercera premisa engañosa es que la legalización —de marihuana solamente— reduciría dramáticamente la violencia en EE.UU. y América Latina.  La mayoría de la violencia inducida por la prohibición ahora proviene de otras drogas, por lo que esta táctica hace que los partidarios de la legalización de la marihuana parezcan estar desinformados o ser deshonestos.
        Otro mal argumento en defensa de la legalización es que la marihuana es más segura que el alcohol o los cigarrillos. Independientemente de los hechos, esta afirmación solo impulsa a los prohibicionistas a apoyar la prohibición de más productos. Además, la mayoría de los males de la prohibición se generan de la prohibición misma, no de las propiedades del bien en sí.
        Tal vez el peor argumento a favor de la legalización es que el consumo no aumentaría. Las pruebas disponibles no sugieren un gran aumento, pero los precios más bajos y la aceptación legal ciertamente nos conducirían en esa dirección. Los partidarios de la legalización deberían rechazar la idea de que un mayor consumo es necesariamente malo, o que la reducción del consumo de marihuana es una meta apropiada para una política de Estado.
        ¿Qué argumento deberían utilizar? Que el Estado no tiene por qué interferir en las actividades privadas, salvo cuándo sea para prevenir que se cause un daño a otros. Preocupaciones por tales "externalidades" podrían justificar leyes contra el manejo bajo la influencia o tal vez una edad mínima para el consumo.  No pueden justificar una prohibición total de la marihuana o restricciones significativas.
        Esta defensa de la legalización tiene a su favor la enorme virtud de la honestidad y obliga a los prohibicionistas a admitir que no apoyan la libertad individual. Algunas personas comparten la perspectiva prohibicionista, pero la mayoría no. Así que los partidarios de la legalización deberían confiar en sus conciudadanos y creer que, cuando se utilizan argumentos honestos, el lado correcto, por lo general, es el victorioso.



Este artículo fue publicado originalmente en CNBC.com (EE.UU.) el 20 de abril de 2012.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Texto para la prueba de 3er año


¿Será que el amor solo es una ilusión que nos hemos inventado para huir del miedo y de la desesperación de sentirse solos?

                 La desesperación, o temor a la soledad, es un sentimiento al igual que el amor. Y siendo el caso, también ese miedo ha sido sólo un invento más del ser humano causado por otro sentimiento (invento) causado por otro y por otro. Podríamos decir inductivamente que todo sentimiento es una "ilusión inventada" a causa de otros sentimientos, causados por otros sentimientos, así indefinidamente. Pero eso ya sería una visión lógicamente penosa.
            A mi parecer los sentimientos (entre ellos el amor) son una parte mas de la preconfiguración que tienen algunos animales para entrar en contacto con los de su especie. Hay animales que tienen dentro de sus instintos naturales el vivir en grupo para que todos y cada uno de los integrantes tengan la oportunidad de vivir.
            El ser humano tiene dentro de su naturaleza esa misma ley, sólo que en lugar de convivir por instintos naturales, nuestra conciencia nos permite desarrollarnos a niveles superiores (cultura) al resto de los animales. Y a mi parecer es en ese punto en donde los sentimientos juegan un papel mucho más complejo en el ser humano como para estar sólo reducido a simples fórmulas de leyes naturales, pues nuestras facultades simbólicas nos abren a múltiples desarrollos. Los animales que poseen sentimientos no tienen esas posibilidades de desarrollar sentimientos tan complejos como nosotros; sus sentimientos no van más allá de la ley natural.

Fuente: http://es.answers.yahoo.com/question/index?qid=20120607134255AAvor63

miércoles, 12 de septiembre de 2012

EL HOMBRE PÁLIDO



            Todo el día estuvo toldado el sol, y las nubes, negruzcas, inmóviles en el cielo, parecían apretar el aire, haciéndolo pesado, bochornoso, cansador.
            A eso del atardecer, entre relámpagos y truenos, aquéllas aflojaron y el agua empezó a caer con rabia, con furia casi; como si le dieran asco las cosas feas del mundo y quisiera borrarlo todo, deshacerlo todo y llevárselo bien lejos.
            Cada bicho escapó a su cueva. La hacienda, no teniendo ni eso, daba el anca al viento y buscaba refugio debajo de algún árbol, en cuyas ramas chorreaban los pajaritos, metidos a medias en sus nidos de paja y de pluma.
            En el rancho de Tiburcio estaban solas Carmen, su mujer y Elvira, su hija. El capataz de tropa de don Clemente Farías, había marchado para “adentro” hacía una semana. En la cocina negra de humo se hallaban, cuando oyeron ladrar el perro hacia el lado del camino. Se asomó la muchacha y vio a un hombre desmontar en la enramada con el poncho empapado y el sombrero como trapo por el aguacero.
-¡León! ¡León! ¡Fuera! Entre para acá- gritó Elvira.
-¿Quién es?- preguntó la vieja sin dejar de revolver la olla de mazamorra.
-No lo conozco.
            La joven volvió al lado de su madre y quedó expectante.
-Buenas tardes.
Agachándose –la puerta era muy baja-, el hombre entró.
-Buenas. Siéntese. ¿Lo ha derrotado l`agua? Sáquese el poncho y arrimeló al fogón.
-Sí, es mejor. Aquí, no más.
El hombre colgó su poncho negro en un gran clavo cerca del fuego y sacudió el sombrero. Después se sentó en un banco.
-¿Viene de lejos? -curioseó la madre.
-De Belastiquí.
-¿Y va?
-Pa l’estancia’e Molina, en el Arroyo Grande. Pensaba llegar hoy a San José, pero me apuré mucho por el agua y traigo cansadazo el caballo. Así que si me deja pasar la noche...
-Comodidá no tenemos ... puede traer su recao y dormir aquí, en todo
caso.
-¡Como no!... Estoy acostumbrao.
            La muchacha, ahora acurrucada en un rincón, lo miraba de reojo. Y cuando oyó que iba a quedarse, sintió clarito en el pecho los golpes del corazón.
Es que cada vez más le parecía que aquel hombre delgado y alto, de cara pálida en la que se enredaba una negrísima barba que la hacía más blanca, no tenía aspecto para tranquilizar a nadie...
La vieja le interrumpió sus pensamientos diciendo:
-A ver, aprontá un mate.
            Y siguió revolviendo la mazamorra, mientras daba conversación al forastero, que acariciaba el perro y retiraba la mano cuando éste rezongaba desconfiado de tanto mimo.
Elvira tiró la yerba vieja, puso nueva, le hizo absorber primero un poco de agua tibia para que se hinchara sin quemarse. En seguida, ofreció el mate al desconocido. Este la miró a los ojos y ella los bajó, trémula de susto. No sabía porqué. Muchas veces habían llegado así, de pronto, gente de otros pagos que dormían allí y al otro día se iban. Pero esa nochecita, con los ruidos de los truenos y la lluvia, con la soledad, con muchas cosas, tenía un tremendo miedo a aquel hombre de barba negra y cara pálida y ojos como chispas.
Se dio cuenta de que él la observaba. Los ojos encapotados, sorbiendo lentamente el mate, el hombre recorría con la vista el cuerpo tentador de la muchacha...
            ¡Oh, sí!, había que cansar muchos caballos para encontrar otra tan linda. Brillante y negro el pelo, lo abría al medio una raya y caía por los hombros en dos trenzas largas y flexibles. Tenía unos labios carnosos y chiquitos que parecían apretarse para dar un beso largo y hondo, de esos que aprisionan toda una existencia. La carne blanca, blanca como cuajada, tibia como plumón, se aparecía por el escote y la dejaban también ver las mangas cortas del vestido. El pecho abultadito, lindo pecho de torcaza; las caderas ceñidas, firmes; las piernas que se adivinaban bien formadas bajo la pollera ligera; toda ella producía unas ansias extraña en quien la miraba, entreveradas ansias de caer de rodillas, de cazarla del pelo, de hacerla sufrir apretándola fuerte entre los brazos, de acariciarla tocándola apenitas... ¡yo qué sé!, una mezcla de deseos buenos y malos que viboreaban en el alma como relámpagos entre la noche. Porque si bien el cuerpo tentaba el deseo del animal, los ojos grandes y negros eran de un mirar tan dulce, tan real, tan tristón, que tenían a raya el apetito, y ponían como alitas de ángel a las malas pasiones...
            Embebecido cada vez más en la contemplación, el hombre sólo al rato advirtió que la muchacha estaba asustada. Entonces, algo le pasó también a él. Su mano vacilaba ahora al tenerla para recibir o entregar el mate.
            Elvira iba entre tanto poniendo la mesa. Luego, los tres se sentaron silenciosos a comer. Concluída la cena, mientras las mujeres fregaban, el hombre fue bajo la lluvia hasta la enramada, desensilló, llevó el recado a la cocina y se sentó a esperar que hicieran la lidia jugando con el perro, con León que, por una presa tirada al cenar, había perdido la desconfianza y estaba íntimo con el desconocido.
-¡Mesmo qu`el hombre!- pensó éste. Y siguió mirando el fuego y, de reojo, a Elvira.
            Cuando terminaron la tarea, la madre desapareció para tornar con unas cobijas.
-Su poncho no se ha secao. Hasta mañana, si Dios quiere.
-Se agradece.
-¡Buenas noches!- deseó la muchacha cruzando ligero a su lado con la cabeza baja.
-Buenas.
            Las dos mujeres abrieron la puerta que comunicaba con el otro cuarto, pasaron y la volvieron a cerrar. Al rato, se oyó el rumor de las camas al recibir los cuerpos, se apagó la luz...Todo fue envolviéndose en el ruido del agua que caía sin cesar.
            El hombre tendió las cacharpas, se arrebujó en las mantas con el perro y sopló el candil.
            El fogón, mal apagado, quedó brillando.

II

            Un rato después se empezó a oír la respiración ruidosa y regular de la vieja. Pero en la cama de Elvira no había caído el descanso. Ahora que su madre dormía, el miedo la ahogaba más fuerte. El corazón le golpeaba el pecho como alertándola para que algún peligro no la agarrara en el sueño, y su vista trataba en vano de atravesar las tinieblas... De cuando en cuando rezaba un Ave María que casi nunca terminaba, porque lo paraba en seco cualquier rumor, que la hacía sentar de un salto en la cama.
            A eso de la media noche, bien claro oyó que la puerta de la cocina que daba al patio había sido abierta, y hasta le pareció sentir que el aire frío entraba por las rendijas. Tuvo intención de despertar a su madre, pero no se animó a moverse. Sentada, con los ojos saltados y la boca abierta para juntar el aire que le faltaba, escuchó. No sintió nadita. Y aquel silencio, después de aquel ruido, la asustaba más aún. No sentía nadita, pero en su imaginación veía al hombre de la barba negra clavándole los ojos como chispas; veía el poncho negro, colgado del clavo, movido por el viento como anunciando ruina... y como para convencerla de que era verdad que la puerta había sido abierta, seguía sintiendo el aire frío y percibía más claramente el ruido de la lluvia...
            En efecto: el hombre, que se echó no más, sobre el recado, se había levantado, lo llevó otra vez a la enramada y, después de ensillar, había salido a pie hasta la manguera que estaba como a una cuadra dejándose pintar de rosado por los relámpagos. El agua le daba en la frente. Por eso avanzaba con la cabeza gacha.
            Otro hombre le salió al encuentro, el poncho y el sombrero hecho sopa. Era un negro.
-¿Están las mujeres solas?- preguntó ansioso.
Sombrío el otro respondió:
-Sí
-La plata tiene qu`estar en algún lao. Empecemos.
-No. No empezamos.
-¿Qué hay?
-Hay que yo no quiero.
-¿Qué no querés?
- Sí, que no quiero.
- ¿Pero estás loco?
-Peor pa mí si m`enloquecí. Pero ya te dije. Vamonós p`atrás.
-¿El qué?
-No hay qué que te valga. Como siempre, te acompaño cuando quieras; pero esta noche, no. Y aquí, menos.
-¡Hum! Si te salieran en luces malas los que has matao, te ciegaría la iluminación, y ahora te ha entrao por hacerte el angelito.
-Nadie habla aquí de bondá. Digo que no se me antoja y se acabó.
-Peor pa vos. Iré yo solo. ¡Que tanto amolar por dos mujeres!
-Es que vos tampoco vas a ir.
-¿Desde cuando es mi tutor el que habla?
-Desde que tengo la tutora- bramó el interpelado tanteándose la daga.
-¡Ah! ¿Querés peliar? ¡Me lo hubieras dicho antes! Seguramente ya habrás hecho la cosa y quedrás la plata pa vos solo. Pero no te veo uñas, mi querido.
Venite no más- y desenvainó su cuchillo.
-¡Callate, negro de los diablos!- rugió el otro yéndosele arriba.
            A la luz de los relámpagos, entre los charcos, los dos hombres se tiraban a partir. El de la barba negra, medio recogido el poncho con la mano izquierda, fue haciendo un círculo para ponerse de espaldas a la lluvia. Comprendiendo el juego, el negro dio un salto. Pero se resbaló y se fue del lomo. El otro esperó a que se enderezara y lo atropelló. La daga, entrando de abajo a arriba, le abrió el vientre y se le hundió en el tórax.
-¡Jesús, mama!- exclamó el negro.
Fue lo único que dijo. La muerte le tapó la boca.
El otro, en las mismas ropas del difunto limpió su daga. Después enderezó chorreando agua, montó y salió como sin prisa, al trotecito.
-¡Pucha que había sido cargoso el negro!- murmuraba- ¡Le decía que no, y el que sí, y yo que no, y dale! ¡Estaba emperrao!...
La lluvia, gruesa, helada, seguía cayendo.
Francisco Espínola

sábado, 19 de noviembre de 2011

Texto para 3er año

Temas para la prueba:
  • Estructuras sintácticas.
  • Funciones sintácticas.
  • Tipos de enunciados.
  • Tipos de oraciones subordinadas.
  • El verbo. Tiempos verbales. Morfemas.
  • Verbos copulativos. El atributo.
  • El complemento atributivo.
  • La voz pasiva perifrástica.
CONTACTO CON LA NATURALEZA:
EL ATAQUE DE LOS CHIMANGOS

                Una sombra se movió rápidamente en el piso. Sentí el aleteo. Después las garras afiladas arañando el cuero cabelludo. Parálisis total. El miedo anula el pensamiento… ¿Qué mierda está pasando? Instintivamente me agaché y atiné a revolear el portafolio. El chimango esquivó con facilidad el golpe y volvió a atacar. Pude ver mi cara, la cara del miedo, reflejándose en dos pequeños ojos. El grito penetrante del pájaro puso audio a la escena. Adrenalina.
                Trabajaba como docente en una Escuela Agraria. Caminaba por una vía angosta que se pierde paso a paso, entre las piernas de la naturaleza que lo invade todo. La naturaleza aguarda agazapada en los bordes del camino, bastaría un solo día de descuido para que recupere el diminuto tajo que el hombre ha abierto. Y yo, el único representante de la especie humana, cargando con una cultura urbana, absurda y obsoleta en mi portafolio. Los pastos se estiran para rozarme. Silbo, busco se me confunda con un ave, trato de apurar el paso. El camino se estira.
                Las piernas empezaron a correr solas, los chimangos eran dos, ¿un casal? Repasé en la huida los documentales sobre aves. “La Tierra en que vivimos” debía ahora servirme de algo… Pude comparar el ataque de los chimangos con aviones de las Segunda Guerra Mundial (soy profesor de Historia). La comparación no sirvió de nada. Los chimangos estaban venciendo años de formación docente, años de investigación histórica (no mía, claro está)… por suerte las piernas seguían corriendo.

                El ómnibus paró, me depositó en el umbral del camino y salió huyendo. Calcé el portafolio en el hombro. La Escuela al final de camino. Me gustaría teletransportarme directamente al salón de clases. Me gustaría ser invisible. Comencé a caminar, mis pasos, contrario a lo deseado, retumbaban en el piso. Me delataban.
                El grito del chimango me heló, salió como un demonio alado desde un espinillo, una velocidad increíble, era enorme, mucho más grande que en el primer ataque, era un águila, un cóndor… ¡Un pterodáctilo emplumado! Cientos de garras y picos, sus gritos se inyectaban hasta lo profundo de mis células. Tomé un palo (hubiese deseado tener una ametralladora, un tanque, misiles antiaéreos). Tenía solo un triste palo. La lucha fue una ficción, opuse resistencia solo por una cuestión de orgullo herido. ¿Dónde estaba la raza humana, la especie superior del planeta para ayudarme? Vencido volví a la ruta. Ya a salvo arrojé una pedrada al vacío… me pareció ver la burla en la cara de una vaca.
                Resolví investigar el asunto, debía conocer con profundidad mi enemigo. Recurrí al orgullo de mi especie: La Internet. Luego de cinco minutos había luz sobre los demonios: no podía ser otra cosa, los chimangos tenían pichones, esa era la razón de su actitud agresiva. Los pájaros eran papás. Con esa información elaboré una estrategia…
                Bajé del ómnibus, ya no hedía a miedo como la última vez, saqué del portafolio un tupper con lombrices y un paquete de pañales de la talla más chica que pude encontrar. Los dejé al lado del camino como una ofrenda y me retiré.
                Caminé ansioso pero guardando la compostura, llegando al punto crítico del camino sentí el miedo que no había desaparecido por completo… una sombra en el piso… frenética. Dejé de respirar. Era solo una paloma. Seguí caminando, no podía distinguir el ruido de mis pasos del de mi corazón. Llegué al espinillo. Pude ver al chimango macho recostado a una rama. Él también me miraba. Ya no vi a un demonio emplumado. Vi a un señor de camisa de tartán fumando tabaco. En sus ojos ya no estaba la promesa de la muerte, ese lugar lo ocupaba la preocupación de un proletario por mantener a sus hijos. No estábamos tan lejos en la cadena evolutiva. Detrás estaba la hembra alimentando a los pichones. Levantó un poco la vista y creí percibir algo parecido a la vergüenza. Dicté clases.
                La relación con la familia Chimango cambió a partir de aquellos sucesos, hemos guardado la distancia entre especies, es decir: no hemos tomado mates juntos, ni hemos salido a sobrevolar los campos. Ayer hablé por primera vez con Héctor. No somos tan distintos. Me comentó que por el momento no piensa mudarse a la ciudad, pero tal vez cuando los hijos
 Tengan que estudiar las cosas cambien (sueña para su descendencia un futuro mejor que el de un obrero).
_Pero tenés la Escuela Agraria, Héctor.-le dije. Puso cara fea.
_No te ofendas, pero no creo en “El país agro inteligente”-contestó. Cortamos la conversación por ahí.
                El hombre lucha por eliminar todos los indicios, todas las pruebas que delaten su naturaleza de animal, de perro bípedo, todo mientras evita recordar que sabe que se va a morir. El resto de los animales vive como dioses inmortales, solo por esto es que existen la poesía y las empresas fúnebres, y es solo por esto que esta crónica pueda reputarse de inverosímil.

Renzo Lafón

Sobre el autor
Profesor de historia, escritor, pintor, músico y mago amateur. Renzo Javier Lafón Solano nació el 28 de octubre de 1984 en la ciudad de Dolores. En esta ciudad realizó sus estudios primarios y secundarios. A los 18 años ingresó al Centro Regional de Profesores del Suoreste en Colonia del Sacramento, de donde egresó en 2008 como profesor de Historia. Aunque nómade (vive entre Colonia y Dolores) ha dejado de practicar la recolección y la caza hace varias épocas.  Este texto forma parte de su primera publicación “La caída de la Unión Soviética y otros engaños”. Cuentan que los trabajos que se reúnen en esta obra fueron encontrados en una capilla abandonada en circunstancias que no han sido aclaradas.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Sala de espera

 Costa y Wright roban una casa. Costa asesina a Wright y se queda
con la valija llena de joyas y dinero. Va a la esta­ción para escaparse
en el primer tren.  En la sala de espera una señora se le sienta a la
izquierda y le da conversación. Fastidiado, Costa finge con un bostezo
que tiene sueño y que se dispone a dormir, pero oye que la señora, como
si no se hubiera dado cuenta, sigue conversando.  Abre en­tonces los ojos
y ve, sentado, a la derecha, el fantasma  de Wright.  La senora atraviesa a
Costa de lado a lado con su mirada y dirige su charla al fantasma, quien
contesta con gestos de simpatía.  Cuando llega el tren Costa quiere
le­vantarse, pero no puede.  Está paralizado, mudo; y observa atónito cómo
el fantasma agarra tranquilamente la valija y se aleja con la señora hacia el
andén, ahora hablando y riéndose.  Suben y el tren parte. Costa los sigue
con la vista. Viene un peón y se pone a limpiar la sala de espera, que ha
quedado completamente desierta.  Pasa la aspira­dora por el asiento donde
está Costa, invisible.

Enrique Anderson Imbert
(publicado en EI gato de Cheshire, 1965)

lunes, 22 de agosto de 2011

Poema


COMUNIÓN PLENARIA

Los nervios se me adhieren
al barro, a las paredes,
abrazan los ramajes,
penetran en la tierra,
se esparcen por el aire,
hasta alcanzar el cielo.

El mármol, los caballos
tienen mis propias venas.
Cualquier dolor lastima
mi carne, mi esqueleto.
¡Las veces que me he muerto
al ver matar un toro!...

Si diviso una nube
debo emprender el vuelo.
Si una mujer se acuesta
yo me acuesto con ella.
Cuántas veces me he dicho:
¿Seré yo esa piedra?

Nunca sigo un cadáver
sin quedarme a su lado.
Cuando ponen un huevo,
yo también cacareo.
Basta que alguien me piense
para ser un recuerdo.

Oliverio Girondo
De “Persuasión de los días”

lunes, 20 de junio de 2011

Actividad 15

Tengan en cuenta que deberán llevar el texto (impreso o copiado), la consigna y todo lo que puedan hacer.



Sacarme dieciocho mil


Vienen por mí. Me siguen. Quieren sus dieciocho mil y yo no los tengo. Se lo dije. Se lo he dicho mil veces. Los noto. Los percibo. Sudo. Corro. Me escondo. Salto de un agujero a otro. Maldigo por haber apostado. Maldigo por haber perdido. Maldigo por haber nacido. En la oscuridad observo las caras. Los rostros de este infernal barrio me miran, me señalan, dicen que debo dieciocho mil. Sudo y salto. Me oculto. Grito que no tengo nada. No puedo pagar. ¿No me creen? ¿Qué harán? Me matarán. Me torturarán pero no podrán sacar dieciocho mil. Sigo corriendo. Abro las puertas. Las cierro. Me oculto. Creo que me oculto. ¿Me romperán las piernas, la cara? Pero no los tengo. Ellos dicen que sí. No me creen. Piensan que miento. ¿Miento? Sigo corriendo. Los ojos que miran, las bocas que murmuran. No puedo confiar. Todos piensan que escondo dieciocho mil. Es una locura. ¿Cuántos habrá tras de mí? Jadeo. El cigarrillo tiembla en la mano. Miro, observo, escruto. Cruzo y corro. Oigo los ladridos. La jauría se acerca. No hay agujeros en este barrio. No lo suficientemente hondos. Escarbo. Gateo. Reviso mis bolsillos. Nada. No estoy loco. No tengo los dieciocho mil. Lo grito. ¡No los tengo! ¿Por qué estáis tan seguros? Soy la presa que tiembla y corre. Como toda la vida. Sin dinero, sin futuro. Estoy muerto. Siempre estuve muerto. Y esos hijos de puta quieren sacarle dieciocho mil a un muerto. ¿De dónde? ¿Cómo? No tengo nada. Nunca lo tuve. Jugué sin nada, aposté nada y gané... nada. Enjugo el sudor. La boca seca. Los veo. Ya están ahí. Ladran y husmean. Muestran los dientes. Preguntan. 

Amenazan. Me achico. Empequeñezco. Me reduzco al mínimo. No respiro. Quieto. Quieto. Me encuentran. Me sacan. Grito. ¡No los tengo! No me creen. ¡No los tengo! Sonríen. No me creen. Dicen que los llevo encima, que soy un mentiroso. Están locos. No entiendo. Me señalan. Las corneas, el corazón, los riñones, el hígado. Dieciocho mil en el mercado ilegal de órganos. Tenían razón. Les mentía.
José Manuel Moreno Pérez

Comprensión lectora
  1. ¿Dentro de qué tipo de texto lo clasificarías?
  2. ¿Cuál es la principal característica de este texto? Explica.
  3. ¿Cuántos enunciados posee?
  4. Extrae los ocho enunciados frase que aparecen.
  5. ¿Desde qué persona gramatical está narrada la historia?
  6. ¿Qué tipo de narrador posee?
  7. Señala y diferencia las reiteraciones y referencias que aparecen en el texto hacia los perseguidores del narrador.
  8. ¿Cuál es el problema de la historia?
  9. En determinada parte del texto, aparece el siguiente enunciado:
                                    "¡No los tengo!"                     
        a) ¿A qué hace referencia el término "los"?
        b) ¿Qué función sintáctica cumple en el enunciado?
        c) ¿El narrador miente al emitirlo? Fundamenta.

lunes, 30 de mayo de 2011

Actividad 13

SOY ELEGANTE

Salto la cerca. Tanteo el bolsillo. Una punta sobre la piel. La ganzúa.
Pruebo. Fuerzo. Vuelvo a probar, con más ganas. Entro. Nadie. Estaba previsto. Ni un ruido. Mejor. El aparador. Porcelanas. El armario. Papeles, rápido. La cómoda. Ropa. La estantería. Un cenicero sucio. Olor, olor, ¿olor a qué? Cuatro cajas. Nada. Otro armario. Muy poco. Dos libros. Dibujos infantiles. Un portarretratos. La mujer de uniforme, el tipo un ganso. Los cajones. Revuelvo. Porquerías. Me cago en diez. Quinientos pesos. Al fin. Un ruido. Me vuelvo. Es afuera. Alguien. Timbre. La puerta. Si entra lo fajo.
Ahora el teléfono. Mierda. Otra vez el timbre. Que espere sentado. Se va.
Pero el teléfono no. Sigue. Descuelgo. Holaaaa, dice la voz. Cuelgo. Camino hacia la cocina. Otro armario. Trancado. Palanca. Salta la cerradura.
Alimentos. Whisky. Dale. El baño. La bañera. Pelos, asquerosos. El botiquín.
Frasquitos y un paquete. Dinero grosso. Ja. Se jodieron. Ahora sí. El perro del vecino. Se dio cuenta. Cómo ladra. Abro la heladera. Un chorizo colorado. Lo tiro al patio. Se terminaron los ladridos. Me voy. Soy elegante.


Eduardo Alvariza

Eduardo Alvariza nació en Montevideo en 1959. Licenciado en psicología en 1984, vivió en Madrid entre 1988 y 1990. Escribió sobre cine en el semanario Jaque y lo sigue haciendo en el semanario Búsqueda, donde trabaja desde 1990. También publicó en las revistas Relaciones y Punto y aparte. En 1994 publicó el libro de cuentos Rojo del cielo (primer premio del concurso de inéditos de la Intendencia Municipal de Montevideo).En Ayer escuché a Miles (2001) mezcló la ficción con la autobiografía. Sus cuentos han sido incluidos en diversas antologías. Los textos de esta página pertenecen al libro inédito Mecanismo a válvula.

Actividad

     1)      ¿Qué puedes deducir sobre el narrador? ¿Quién es? ¿Qué está haciendo?
2)      ¿Qué relación guarda el título con el texto? ¿Por qué terminará con ese enunciado?
3)      Delimita todos los enunciados.¿Cuántos hay?
4)      Señala con un arco rojo por encima todos los verbos conjugados.
5)      Subraya con azul todos los enunciados frase.
6)   Señala con paréntesis curvo los enunciados oracionales.
7)  Transcribe los enunciados en negrita. Delimítalos, identifica el núcleo y señala los términos adyacentes verbales. Si te animas, señala qué tipo de adyacentes son.

sábado, 2 de abril de 2011

Actividad 8

Emboscada

En cuanto la vi, supe que estaba muerta.
Cuando nuestros ojos se cruzaron sentí un extraño escalofrío pero sacudí mi temor y avancé entre el gentío. Era imposible que ella supiera de mí.
Caminó hacia la estación de trenes y sentí que el momento había llegado. Apreté el cuchillo y apuré la marcha. Cruzó el molinete del otro lado de los rieles y se perdió en la esquina. Corrí.
Al doblar la esquina me detuve con sorpresa y terror. Con una sonrisa sardónica y una luz cruel en la mirada me observaba por encima del caño de la pistola.
Cuando comenzó a mover el dedo en el gatillo supe que mi corazonada era cierta.
Yo ya estaba muerta.
Antonio Cruz
Tío Elías y otros cuentos
Editorial del autor

RESPONDE
1.    Identifica cuáles son los personajes del texto y descríbelos de acuerdo a lo que hacen.
2.    ¿De qué trata el texto?
3.    ¿Cuál es la complicación?
4.    Estudia el verbo “estaba” del primer enunciado. ¿Quién es el sujeto implícito al que hace referencia ese verbo?
5.    ¿A quién se refiere el pronombre la que se encuentra en el mismo enunciado?
6.    Compara el verbo "estaba" de ese enunciado con el del último.

viernes, 25 de marzo de 2011

Actividad 7

Magia

    El mago Rizzuto no conocía ningún truco. Su número era bien sencillo: golpeaba su galera con una varita azul y luego esperaba que apareciera una paloma.
    Naturalmente, la total ausencia de dobles fondos, de mangas hospitalarias y de juegos de manos conducía siempre al mismo resultado desalentador. La paloma no aparecía.
    Rizzuto solía presentarse en teatros humildes y en festivales de barrio, de donde casi siempre lo echaban a patadas.
    La verdad es que el hombre creía en la magia, en la verdadera magia. Y en cada actuación, en cada golpe de su varita azul estaba la fervorosa esperanza de un milagro. Él no se contentaba con las técnicas del engaño. Quería que su paloma apareciera redondamente.
    Durante largo tiempo lo acompañaron la desilusión y los silbidos. Otro cualquiera hubiera abandonado la lucha. Pero Rizzuto confiaba.
    Una noche se presentó en el club Fénix. Otros magos lo habían precedido. Cuando le llegó el turno, dio su clásico golpe con la varita azul. Y desde el fondo de la galera salió una paloma, una paloma blanca que voló hacia una ventana y se perdió en la noche.
    Apenas si lo aplaudieron.
    Las muchedumbres prefieren un arte hecho de trampas aparatosas a los milagros puros.
    Rizzuto no volvió a los escenarios. Tal vez siga haciendo aparecer palomas en forma particular.

Alejandro Dolina
“El libro del fantasma”
Editorial Colihue, Bs. Aires

Actividad
1) Extrae las palabras subrayadas y numéralas. Luego escribe las sílabas de la tabla teniendo como referencia el número de la palabra y su clasificación. Si clasificaste bien cada palabra uniendo las sílabas obtendrás una frase célebre de un autor argentino.
2) Luego de haber obtenido la frase investiga quién es el autor y cuál es la frase completa.
3) ¿Qué opinas sobre la frase? ¿Estás de acuerdo? Explícala.
4) ¿Qué opinas sobre la frase completa? ¿Estás de acuerdo? Explícala.